Mientras llega el apoyo que representan las cámaras de seguridad es necesario definir estrategias para prevenir el delito, reaccionar frente a las alteraciones del orden público y atender los reclamos de los ciudadanos que cada día se sienten más desamparados.
Desde el año pasado se encuentran fuera de funcionamiento 198 de las 200 cámaras de seguridad de la Alcaldía de Ibagué. El gobierno local ha atribuido este descuido a diferentes motivos como falta de mantenimiento (algo previsible y que debería tener presupuesto); tormentas eléctricas que dañan las celdas y las redes de transmisión de datos y cortes en la fibra óptica. Más tarde se evidenció que hubo falta de gestión por parte de los funcionarios correspondientes, como el entonces secretario de Gobierno municipal, que atribuyó la demora en la contratación del mantenimiento a temas administrativos.
Después de casi un año sin cámaras de vigilancia, la semana pasada se anunció que ya se adjudicó un contrato por más de 700 millones de pesos para el mantenimiento, y que el contratista tiene un plazo de seis meses para ponerlas a funcionar. Es decir que, si todo sale bien, en enero del año entrante estarán operando de nuevo.
Las cámaras por sí solas no sirven para garantizar la seguridad en la ciudad, eso es claro, pero sí son un apoyo en las labores investigativas que lleva a cabo la Fiscalía para identificar y judicializar delincuentes; sirven a la policía para reaccionar oportunamente ante la comisión de un delito y, en lugares estratégicos, son elementos de disuasión para los criminales.
Es preocupante la situación de inseguridad en Ibagué. Los continuos atracos en las vías principales a plena luz del día, los delincuentes que ingresan a las casas sin temor alguno y los fleteos, sumados a la escasa reacción de la Policía, tienen alarmados a los ibaguereños. Otras situaciones que agobian a los ciudadanos y en las que la Policía debe intervenir son las que tienen que ver con el caos existente en los bares que funcionan hasta altas horas de la madrugada, en cuyos alrededores ocurren escándalos y peleas que no permiten que los vecinos puedan descansar con tranquilidad.
Mientras llega el apoyo que representan las cámaras de seguridad es necesario definir estrategias para prevenir el delito, reaccionar frente a las alteraciones del orden público y atender los reclamos de los ciudadanos que cada día se sienten más desamparados.
(*) Editorial escrita en el periódico El Nuevo Día el 29 de junio de 2021
(*) Imagen tomada de elnuevodia.com.co

